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Viernes 18 Agosto 2017

Cultura

Rumanía espera en el comedor

Alrededor de una mesa dispuesta para el banquete, Cristi Puiu compone en ‘Sieranevada’ un absurdo y portentoso retrato de su país.

20 Julio 2017
13:47
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Rumanía espera en el comedor
Secuencia de 'Sieranevada', de Cristi Puiu.

En La muerte del señor Lazarescu (2005), Cristi Puiu narraba la historia de un anciano que llama a una ambulancia porque se siente mal y cuando llega al hospital deciden trasladarlo de centro. La historia se repite en el nuevo hospital, y en el siguiente, y en el siguiente… Su salud se va deteriorando poco a poco en una noche angustiosa y absurda. En sus películas, Puiu trabaja a menudo el mito de Sísifo, condenado por Hades a empujar eternamente una roca ladera arriba; cuando está a punto de llegar a la cima, la roca cae y Sísifo debe empezar otra vez su tarea desde cero. Los personajes de Puiu viven el mismo drama y se convierten en epítomes de todo un país.

En su último filme, Sieranavada, Puiu elabora un minucioso retrato de Rumanía a partir de una situación cómica pero perturbadora: Lary, el protagonista, es un médico que regresa al hogar familiar para asistir a un homenaje fúnebre dedicado a su padre. Todo está dispuesto para que se sienten a comer, pero no pueden hacerlo hasta que llegue el pope, que debe rezar un responso. Ese será el primer impedimento, pero no el único, para que la reunión se desarrolle con normalidad. Puiu coloca la cámara en el estrecho recibidor de la casa y la asoma por las puertas, que se cierran y se abren para contar los pequeños conflictos cotidianos de unos personajes que resumen la tragedia nacional. Ya en la primera escena, un larguísimo plano secuencia en el que una zanja impide avanzar a los coches, se expresa la idea central de la historia de Puiu: cualquier movimiento requiere un esfuerzo enorme, y no parece que vaya a haber recompensa después de todo. Y como ocurre frecuentemente en los velatorios, la tristeza da paso a la risa, una carcajada irrefrenable, trágica y, paradójicamente, vivificadora.

El pueblo rumano se parece al español en muchas cosas: el humor fue fundamental para sobrevivir al régimen de Ceausescu y lo mismo ocurre hoy, cuando la corrupción mantiene literalmente secuestrada a la población civil. En 2015, más de 1.250 sospechosos de corrupción acudieron a declarar a los tribunales, entre ellos un primer ministro, cinco ministros, 16 diputados y cinco senadores. Alrededor de estos casos se ha organizado una floreciente comunidad de activistas que utiliza el humor para desnudar a sus representantes políticos: hay tours por Bucarest para contar la historia de la corrupción, imprimen álbumes de cromos de los políticos condenados y hasta han desarrollado páginas webs a modo de comparador de sobornos. Allí pueden consultarse las mordidas que hay que pagar en los diferentes hospitales, ventanillas públicas o comisarías. A pesar de todo este esfuerzo (una de las plataformas más activas en este sentido es la del colectivo Funky Citizens), del encomiable trabajo de la Dirección Nacional Anticorrupción y de las continuas manifestaciones populares, 50 alcaldes procesados fueron reelegidos por abrumadora mayoría en las elecciones municipales de 2016. La historia les suena, ¿verdad?

Rumanía soñó con un porvenir dorado tras la revolución de 1989, pero no ocurrió. Volvió a pensar que la regeneración era posible cuando entraron en la Unión Europea en 2007, pero siguen esperando. En Sieranevada, Puiu reproduce con maestría toda esta frustración a través de una serie de personajes que nunca ven colmadas sus aspiraciones, especialmente Lary, el doctor que abandona su profesión para sobrevivir como comercial médico, que se equivoca al comprar el disfraz de su hija para la fiesta del colegio, que le regala una bicicleta estática a su madre pero que no funciona porque la tensión eléctrica en Rumanía es diferente, que no puede avanzar en coche debido al tráfico, que no puede aparcar… El antihéroe de Puiu es un hombre atrapado hasta la cintura en arenas movedizas y su tragedia se desarrolla, a lo largo de casi tres horas de metraje, en un minúsculo apartamento atestado de gente en el que se oyen los ecos de Samuel Beckett, de El ángel exterminador de Buñuel, de Robert Altman y hasta de los hermanos Marx.

El filme, que compitió por la Palma de Oro en Cannes, no es cine convencional. Se mueve en otros parámetros. Algunos de los críticos más conservadores no han sabido (o no han querido) comprender todo lo que esconde la arriesgada apuesta de Puiu. Otros, como Nando Salvà, dicen de ella que es “el tipo de película para el que el calificativo obra maestra fue inventado”.

Según su director, el título Sieranevada pretende desconcertar a los espectadores, porque en realidad no significa nada. Curioso pero, en el fondo, lógico: el cineasta rumano ha firmado un exquisito tratado de la condición humana que habla de casi todo. ¿Cómo demonios se titula eso?

*Sieranevada se estrena en España el viernes 21 de julio

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Manuel Ligero

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