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Sábado 29 Julio 2017

Cultura

Leticia Dolera: “Me gustaría que se hiciese el Don Juan cambiando el género”

Charlamos sobre amor con la actriz, guionista y directora de cine, que admite tener las contradicciones propias de alguien que ha iniciado un proceso de deconstrucción de los patrones impuestos socialmente.

08 Julio 2017
22:17
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Leticia Dolera: “Me gustaría que se hiciese el Don Juan cambiando el género”
la actriz y directora Leticia Dolera, en un bar de Madrid. FERNANDO SÁNCHEZ

Esta entrevista a Leticia Dolera está incluida en el especial amor de #LaMarea50

“A mí me gusta Crepúsculo, aunque es horrible y tiene un esquema de amor romántico tremendo”, reconoce Leticia Dolera (Barcelona, 1981). La actriz, guionista y directora de cine tiene las contradicciones propias de alguien que ha iniciado un proceso de deconstrucción de los patrones impuestos socialmente. Bajo esa misma mirada crítica, hay películas que ya no soporta: “Pretty Woman me encantaba de pequeña; ahora no la puedo ver”. En 2015, escribió, dirigió y protagonizó Requisitos para ser una persona normal, con la que cuestiona la imposición de ser feliz como una meta que se logra a través de una pareja, vida social, familiar, un trabajo, una casa y aficiones. Con esta comedia romántica, Dolera pone el foco sobre la diversidad, algo que siempre le ha interesado destacar. En su opinión, el cine ignora que hay diferentes formas de amores y afectos, ya que “el capital prefiere no arriesgar con relatos que se alejen de lo marcado culturalmente como universal y correcto”. No obstante, también habla de la responsabilidad de quienes escriben y dirigen. “Los artistas estamos atravesados por una construcción patriarcal del amor. Para romper con eso, tenemos que hacer un esfuerzo consciente”, apunta.

¿Qué influencia tiene el cine en la construcción social del amor?

El cine cala en nuestro imaginario. Desde las industrias culturales se genera ideología y se muestra una forma de cómo las personas se relacionan. Parece que, en este mundo, en el que hay tanta diversidad, solo existe una manera de amar y relacionarse: la de la pareja heterosexual. Lo que se escapa de ahí ya decimos que “está saliendo de la norma”, cuando en realidad no tendría que haber una norma, pero el cine sigue siendo muy clásico en la construcción del amor. Está atravesado por una visión patriarcal, capitalista e individualista del amor y la forma de amar. Lo digo yo, que he hecho una comedia romántica, donde un chico y una chica tienen una historia de amor, además los dos son blancos…

Pero en Requisitos para ser una persona normal sí presenta otros amores.

Intenté romper con el estereotipo de la masculinidad. El cine ha establecido el personaje del macho alfa y yo quería acabar con eso. También con el tema de los celos, que muchas veces va implícito a las historias de amor que vemos y que da a entender que el amor es una propiedad privada. Cuando María de las Montañas, la protagonista, se va con otro, Borja, el personaje del chico, no le hace chantaje emocional. También quise mostrar una historia de amor, aunque sea secundaria, entre dos personas con discapacidad. Parece que al amor entre personas con discapacidad mental nos incomoda y nos asusta. Ellos también tienen deseos sexuales y amorosos y derecho a poder cumplirlos y disfrutarlos, pero en la construcción que hace el cine del amor se les deja de lado. La homosexualidad parece que sí está más presente pero todavía no hay una película mainstream de acción donde, por ejemplo, la heroína sea lesbiana y que la peli no vaya explícitamente de eso.

¿Hay poca visibilidad de las relaciones lésbicas en el cine?

Hay discriminación hacia el amor homosexual, y si se trata de mujeres todavía más. Pienso en películas como Bar Bahar o La Belle Saison, que son estupendas y en las que hay relaciones homosexuales entre mujeres, pero como no tienen esa visión hegemónica no se consideran mainstream y, por tanto, no se invierte el capital que se invertiría en otras películas y pasan a formar parte de los márgenes. Márgenes de mucha calidad, pero con una distribución menor. Hay cierta reticencia hacia todo lo que se salga del modelo hegemónico, que cala en nuestra subjetividad sin que nos demos cuenta. Claro que se puede amar libremente, pero los referentes que tenemos, como pasa con la publicidad, nos venden estilos de vida concretos.

Una de las condiciones de Requisitos para ser una persona normal es precisamente tener una pareja.

Sí. El mito de la media naranja. Pero no, yo soy una naranja entera y a lo mejor encuentro por el camino a otra y paseamos juntas y somos felices mientras dure. Pero desde los cuentos de Disney se construye la idea de que si no tienes pareja eres una fracasada. Por eso, no tener pareja es salirse de la norma. Igual que no ser heterosexual. Pero es que hay muchas otras formas de relacionarse y debemos mostrar esta diversidad.

¿Qué reflexiones saca de los papeles que ha interpretado?

En REC3, donde hago de Clara, la historia va de una boda, pero una en la que todo el mundo se convierte en zombi. Para mí es muy simbólico el momento en el que yo cojo una sierra mecánica y me rasgo el vestido. Es como que estoy rompiendo con todos esos lazos de tradición que arrastramos sin saber. Hay una crítica soterrada a todo lo que se construye alrededor de las bodas. En La Novia, mi personaje es la esposa de Leonardo: una mujer que quiere escapar. En Bodas de Sangre, Lorca retrató una sociedad que oprime a las mujeres y la protagonista de La Novia, interpretada por Inma Cuesta, rompe con el camino que le han marcado, que es patriarcal, católico, bajo la imposición de casarse con un hombre. Muchas veces, los estereotipos empiezan ya en los castings. En una historia de amor heterosexual se suele buscar que el chico sea más alto que la chica. Ahí ya estás marcando algo, que además tiene que ver con el poder: que los hombres tienen que estar por encima de las mujeres.

¿Hay obras clásicas de las que no le guste especialmente la construcción que se hace del amor?

El Don Juan. Me encantaría que se representase cambiando el género. Sería interesante romper con ese estereotipo de que los hombres tienen un deseo sexual activo y las mujeres son solo deseadas. De hecho, cuando una mujer es sexualmente activa se dice despectivamente que es una guarra y el adjetivo Don Juan se utiliza de manera positiva. Estaría bien meter al espectador en la experiencia de hacer ese viaje al revés y decirle ‘¿y ahora qué? ¿la vas a insultar?’.

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Alba Mareca

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LM51 – Julio/Agosto 2017

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