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Domingo 23 Julio 2017

Opinión

Ciencia y tecnología. Constructoras de consenso para el instrumento mediático

“Los medios perpetúan nuestra frontera intelectual como garantía de porvenir de un sistema patriarcal ignorante”, sostienen los autores, socios de BioCoRe S. Coop en ‘A ciencia incierta’.

12 Junio 2017
23:29
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Ciencia y tecnología. Constructoras de consenso para el instrumento mediático
Vista al microscopio del virus del Ébola. CDC/ Dr. Frederick A. Murphy

¿Qué hace que consideremos las noticias de los medios de comunicación asociados a los grandes grupos y/o consorcios editoriales una auténtica aberración manipulativa cuando se refiere a política, opinión y/o sociedad, pero nos parezcan neutras en relación a la divulgación científico académica?

No parece que nos alarmemos lo más mínimo cuando los medios de comunicación publican grandes resultados científico técnicos y se hacen eco de las palabras de las personalidades más destacadas del ámbito científico académico para dotarlos [A los resultados] de veracidad. ¿En qué dirección caminan los grandes grupos mediáticos cuando deciden publicar un determinado tipo de resultados científicos y no otros? ¿Con qué propósito lo hacen? ¿Qué encuentran en la actividad científica como espacio articulador y posible mantenedor de las dependencias del mismo orden social para el que trabajan, incorporando útiles y herramientas? ¿Qué encuentra la mediocracia en lo que podríamos denominar Sistema Ciencia?

Podríamos empezar a señalar cada uno de los casos que son tratados de forma homóloga por estos grandes consorcios y elaborar una síntesis sobre el compromiso y la responsabilidad real del uso que se realiza de las herramientas mediáticas, como una necesidad fundamental para poder ejercer un poder legalmente constituido. Esta homología, que pareciera señalar a la denominada Ciencia como un elemento neutro para el establecimiento y/o desenlace de las identidades sociales y la aleja de las determinaciones de la economía política, en realidad, nos permite visualizar la relación que se establece entre los artefactos y artilugios comunicativos y los modelos de producción, una entidad productora de relatos, narraciones, cuentos, crónicas, descripciones, informes o exposiciones, que parece encontrar el equilibrio social en secciones dedicadas a las Ciencias y las tecnologías, como la hacedora auténtica de consensos de entre todas las relaciones derivadas del sistema productivo sobre el que nos desarrollamos. La Ciencia consigue desarrollar el criterio articulador que relaciona a los sujetos con las relaciones de producción. Los medios son los vehículos principales para la reproducción de estos criterios en el contexto social, datando de forma al conocimiento. Una persona puede ser socialista, indecente, chusma, buena, mala para A3Media; solidario, consumista, ecologista, de derechas, de izquierdas para Prisa o postmoderno, ecoyupi, feminista o fascista para Mediaset, pero es un sujeto homogéneo y determinado para todos ellos cuando debemos articular una sentencia verdadera bajo el paraguas de esta Ciencia.

Solo a través de estos medios, usados, se tiene la posibilidad de construir sentencias que dotan de sentido a una realidad que debe ser verdad. A esto se suma la manipulación de los resultados científicos y el establecimiento de síntesis pueriles, fútiles y deformadas que toman parte en la construcción de los relatos mediáticos, vulgarizándolos hasta hacerlos irreconocibles. Esta combinación incapacita la función de esclarecer y dilucidar si son sentencias realmente calificables [que se las pueda atribuir ciertas cualidades o propiedades bajo parámetros irrefutables]; es decir, si existe o no posibilidad de generar una contradicción haciendo uso de argumentos y razones con relación a lo que se sostiene bajo sentencias; en definitiva, siendo máximas o principios no verificables [incalificables] bajo nuestro actual marco lógico.

Sin poder calificar de verdaderas o falsas las sentencias difundidas por los órganos designados para la difusión, distribución y comercialización de la información, la única sentencia, ahora de justicia, que se puede conformar, es nítidamente clara: la ciencia es falsa ciencia, Pseudociencia. Y es que podríamos establecer una hipótesis que predijera que el 98% de los instrumentos mediáticos [comunicacionales], con independencias de su identidad soberana, trabajan para el estado de las cosas legalmente constituidas. Y esta formulación podemos observarla fijándonos en el apartado dedicado a la Ciencia y sus ‘gastroderivados informativos’ destinados a la divulgación, que ahora nos atrevemos a señalar como construcciones de un mismo sistema.

El desarrollo del conocimiento nos ha dotado de la capacidad de establecer síntesis sobre los fenómenos físicos y/o los procesos producidos en la naturaleza. Esto establece un conjunto de reglas que nos permiten realizar el mínimo volumen de ensayos necesarios para conocer; abstrayéndonos, haciendo uso de una multitud de lenguajes, desde el espectro de los naturales a los formales. Esta razón establece relaciones que no necesitan reproducibilidad (1) constante de los fenómenos físicos para alcanzar un grado de conocimiento. Generamos hipótesis, teorías y leyes que nos permiten comprender los sucesos materiales y codificar las inercias de los sistemas donde discurren. Y es aquí, en la clasificación sobre los contenidos necesarios, donde los medios se aplican realizando un mantenimiento de las inercias de un sistema.

Podemos decir que esta homología en el tratamiento de la información científico académica por parte de todos los consorcios editoriales y mediáticos como subordinados de los aparatos político económicos que los sustentan determina una isotropía, manteniendo así unas propiedades idénticas con independencia de las direcciones en la que sea examinada, una estabilidad entre la totalidad de formas de representación dentro del orden social en el que desarrollamos nuestro metabolismo.

Afirmamos, sin saber si seremos censurados, que los medios perpetúan nuestra frontera intelectual como garantía de porvenir de un sistema patriarcal ignorante.

Daniel Heredia y Rubén González

Daniel Heredia y Rubén González

LM51 – Julio/Agosto 2017

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