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Viernes 18 Agosto 2017

Cultura

Clemente Bernad: mirar desde el otro lado

“ETA y la izquierda abertzale han desarrollado una especie de opacidad. Y no hay nada más antiperiodístico que eso, que fotografías hechas en la Audiencia Nacional”, reflexiona en esta entrevista el fotoperiodista Clemente Bernad, autor de la serie ‘Basque Chronicles’.

01 Marzo 2017
09:25
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Clemente Bernad: mirar desde el otro lado
Fotografía perteneciente a la serie 'Basque Chronicles'. CLEMENTE BERNAD

Esta entrevista el fotoperiodista Clemente Bernad está incluida en #LaMarea46

Clemente Bernad (Pamplona, 1963) es uno de los pocos fotoperiodistas que han intentado reflejar el “conflicto” vasco desvelando las partes más opacas de esta historia y, por tanto, las menos fotografiadas [“conflicto” entendido según la tercera y/o cuarta acepción del DRAE: “3. m. Apuro, situación desgraciada y de difícil salida.; 4. m. Problema, cuestión, material de discusión]. En su serie Basque Chronicles, que el fotógrafo está ahora preparando para su publicación, muestra una historia compleja en la que incluye una variedad de ángulos y representaciones (víctimas de atentados de ETA, la kale borroka, funerales de etarras muertos en “acción”, familiares de presos, actuaciones policiales, etc.). En 2007, el Museo Guggenheim le invitó a exponer algunas de estas imágenes. Bernad quiso incluir una fotografía de la radiografía del cráneo de Miguel Ángel Blanco (el concejal del PP de Ermua asesinado por ETA en 1997) que había tomado durante la rueda de prensa que ofreció el médico que atendió al joven. En una entrevista anterior, Bernad me explica por qué quiso incluir esta fotografía: “Es una foto brutal, delicada. Enseño que este hombre fue asesinado de forma brutal. Te hace parar y reflexionar. Yo comprendo que ver la radiografía tiene un punto de salvajismo. Pero esa brutalidad es la que es; estaba antes de que yo tomara la foto”.

unspecified-12Bernad pidió permiso a la familia de Blanco para incluir la fotografía en la exposición. La negativa fue rotunda y Bernad respetó su deseo. La foto de la radiografía nunca llegó al Guggenheim. Pero esta negativa no quedó ahí; la Asociación de Víctimas del Terrorismo, el Partido Popular y el Colectivo de Víctimas del Terrorismo amenazaron a Bernad con una demanda. Santiago Abascal, entonces parlamentario del PP en la Cámara vasca, interpuso una proposición no de ley —que no fue aprobada— para que el Guggenheim retirara las fotos de Bernad de la exposición. Conozco su obra porque para mí fue esencial a la hora de entender la representación visual del “conflicto” y de escribir mi libro El eco de los disparos, donde hago un tratamiento en profundidad de algunas de estas fotografías. En una reseña reciente publicada por ABC, Rogelio Alonso rebate mi defensa de Bernad distorsionando lo sucedido en torno a esa exposición al reducir el problema a la negativa de la familia Blanco, y al minimizar la persecución política y mediática que sufrió el fotógrafo y que tuvo graves consecuencias para su carrera.

En El eco de los disparos hago una reflexión sobre la incomodidad que causan las fotos de Bernad, remitiéndome al ámbito de la representación. Pero hay algo más que suscita este tipo de reacciones extremas, no solo en personas afines al PP. Clemente Bernad es sospechoso de proetarra porque ha entrado en su mundo para fotografiarlos. ¿Pero no es la labor de un fotoperiodista sacar a la luz aquello que no conocemos, informándonos a través de la imagen? En esta entrevista, Bernad nos apunta algunas claves sobre su posicionamiento ético y profesional.

Eres un fotoperiodista de Pamplona y has vivido el “conflicto” de cerca. ¿Cómo dirimes a la hora de hacer esta serie lo que puedas sentir emocionalmente o pensar políticamente con la necesidad de guardar distancia como fotoperiodista?

Hay historias a las que me acerco con curiosidad, otras como un encargo profesional. En realidad, yo no quiero tomar distancia, sino reconocer cómo me acerco al “conflicto”, y la palabra que mejor lo resume es la estupefacción. Esto no lo he sentido en ningún otro trabajo. Igual porque ocurría a gente de mi generación, de mi entorno, porque me tocaba de cerca. Entonces, cuando me meto a hacerlo sé que no puedo alejarme de la historia pero no actúo como militante de nada. Lo intento hacer de la forma más correcta posible.

¿Cuál te parece que es la forma correcta, desde el punto de vista ético?

Es querer mirar a una parte de la historia que no se contaba y a mí me apetecía contarla: todo lo que tiene que ver con la izquierda abertzale. A mí eso me parecía que era un silencio atronador, incluso por parte de ellos.

¿Lo dices desde el punto de vista visual?

Sí, hablo visualmente. Igual viene de que enseñar el dolor y los muertos propios es enseñar tu propia debilidad.

Es curioso porque en el discurso no visual hay una narrativa de victimización muy fuerte.

Es como si no hubiese control sobre lo visual y fuera arriesgado ofrecerlo, como si hubiese miedo a presentarse como vulnerable. ETA y la izquierda abertzale han desarrollado una especie de opacidad. Yo lo que veo de ese “lado” son imágenes policiales, de los detenidos y demás. Están hechas por un policía, no hay nada más antiperiodístico que eso, que fotografías hechas en la Audiencia Nacional. Incluso en sus medios han tirado de imágenes de agencias españolas. Entonces, eso fue lo que desde el principio quise mirar: ese otro mundo opaco y, al mismo tiempo, muy cercano.

Frente a la dimensión pública de la fotografía de los medios, tú vas a lo privado.

Claro, es lo que más me interesa, la dimensión privada, lugares y espacios invisibles, como funerales, familiares de presos, etc.

También incluyes escenas de la kale borroka.

Sí, quería mirar a la kale borroka desde otro sitio. El fotógrafo normalmente se pone del lado de la policía porque es normal, está protegido. Pero ¿qué pasa cuando miras desde el otro lado?

¿Y cómo conseguiste meterte en ese lado?

Mira, a mí me han roto cámaras tanto la Guardia Civil como gente de la kale borroka. Hasta que al final decidí negociar, hasta donde me dejaron, para hacer fotos. Yo habría ido mucho más lejos si hubiese podido, pero hay cuestiones difíciles de gestionar. Una de ellas, uno de los puntos clave, es que yo soy de aquí. Esto es decisivo.

Pero también el ser de aquí te proporciona otra visión, ¿no?

Sí, claro. Pero esto me ha dado muchos problemas después. Sólo por mostrarlo me acusan de simpatizante.

¿Porque se confunde la política con la representación?

Sí, y por mostrar la humanidad de esa parte del “conflicto”. Yo no soy un militante, solo pretendo mostrar. Nadie puede ser tan anormal como para decir, ‘esto no lo voy a mirar aunque esté pasando porque entonces me convierto en uno de ellos’. El problema está ahí y eso hay que contarlo. Yo quise hacerlo.

Fotografía perteneciente a la serie Basque Chronicles. C. B.

Entonces te acusaron de ser uno de ellos, por el simple hecho de que les fotografiabas.

Claro, es que te implicas mucho, pero yo simplemente negocié estar ahí. Es lo que hacen los periodistas: negocian. Tienes que tener muy claritas tus líneas rojas. En un momento alguien ve las fotos y me dice: ‘¿Igual no sería mejor que tú estuvieses encapuchado?’. Vamos a ver… ¡yo soy fotógrafo! Tengo que ser alguien que mira y ya está. Pero estás en la línea de fuego y en estas situaciones no todo es controlable. Con la kale borroka aquí en Pamplona yo iba corriendo a la vez que ellos; yo asumí un riesgo que ahora no lo haría por pudor. Pudor de que me vieran; yo vivía en Pamplona e iba a cara descubierta con una cámara que apenas se veía. Cualquiera que te ve, piensa, ‘¿qué hace este ahí?’.

¿Y  cómo has conseguido fotografiar funerales de etarras?

Por ejemplo, en el caso del funeral de los etarras del asalto de Morlans [San Sebastián] había unos espacios reservados a la prensa oficial, aunque yo entré hasta dentro. Pero sin engañar, simplemente diciendo estoy aquí y quiero hacer esto. Por otra parte, cuando detuvieron a Santi Potros, veías en la tele que eso estaba lleno de periodistas. Hay otros fotógrafos que tienen el canal de información directo de la Policía. Al final lo que genera eso es que el discurso visual sea ese, el policial. A mí me parece muy raro que en la detención de alguien así esté todo lleno de periodistas. Hay que ser consciente de cómo fluye la información.

¿Han cambiado durante estos últimos cinco años las posibilidades de representación del “conflicto”?

Los medios aún demandan estereotipos, pero ahora creo que ha variado un poco, en buena medida por el lavado de discursos sobre el pasado. El tono opresivo de mis fotografías no satisface y no sé si en algún momento satisfizo. La estética, la mirada, sigue resultando difícil de asumir. Pero ¿ha pasado esta mierda? Claro que ha pasado; y ahora queremos el sol, todos queremos el sol ahora. Pero esto fue así, esto es así.

El nuevo número de La Marea está dedicado al deterioro de la libertad de expresión tras las reformas legislativas del PP. 

Edurne Portela

Edurne Portela

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