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Jueves 22 Junio 2017

Internacional

Violencia en la ‘banlieue’, ¿combustible para la ultraderecha?

La agresión policial a Théo L., un joven de 22 años de la periferia de París, ha generado fuertes protestas y ha tenido un gran eco mediático, obligando a la clase política a pronunciarse en un momento delicado por la cercanía de las elecciones.

10 Febrero 2017
11:29
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Violencia en la ‘banlieue’, ¿combustible para la ultraderecha?

PARÍS // “Théo y Adama te recuerdan por qué corrían Zyed y Bouna”. Un tuit del cómico Waly Dia con casi 15.000 retuits condensa la realidad de las siempre convulsas relaciones entre la autoridad y los jóvenes de la banlieue, zonas sensibles del extrarradio francés.

Hace 11 años de la muerte de Zyed Benna y Bouna Traoré, dos chavales electrocutados al esconderse en una torre de alta tensión para huir de la policía, en un episodio que desencadenó una auténtica revuelta en estas ciudades periféricas con fuerte población migrante, castigadas por el paro y la desigualdad. Hace apenas seis meses, un chico fallecido en circunstancias poco claras, Adama Traoré, reavivaba el fantasma de la brutalidad policial. Y en la última semana, la agresión a Théo L., un joven negro presuntamente sodomizado por la policía con una porra durante su detención, ha terminado de calentar los suburbios franceses, una década después de los disturbios que sacudieron todo el país.

Pero a diferencia del caso de Adama Traoré, que tuvo una repercusión mediática relativamente discreta, lo ocurrido con Théo ha obligado a reaccionar a la clase política francesa y ha desatado de nuevo la polémica sobre los métodos empleados por las fuerzas del orden. Dos motivos probables que explican esta mayor visibilidad son, por un lado, que la violenta detención fue filmada por cámaras de seguridad. La otra causa es que el país se encuentra a menos de tres meses de las elecciones presidenciales.

El caso de Théo habría empezado durante un registro policial ordinario a varios jóvenes. Según testigos, uno de los agentes abofeteó a uno de ellos, menor, sin mediar provocación. Théo, amigo de este chico, se interpuso y acabó detenido, no sin antes sufrir una brutal paliza por parte de los policías, que incluyó la presunta sodomización con una porra extensible. Tras visionar los vídeos de vigilancia, la Inspección de Policía ha aludido a un “accidente”. Una explicación difícilmente creíble dada la herida de diez centímetros en el recto y el desgarro en el músculo del esfínter que presenta la víctima, producida por una porra empleada “en horizontal”, según una fuente cercana a la investigación citada por varios medios franceses.

Los candidatos, con la víctima
En un gesto poco habitual, los aspirantes al Elíseo, a excepción de la ultraderechista Marine Le Pen, se han posicionado del lado de la víctima. El conservador François Fillon aseguró que “si hay faltas, deben ser sancionadas” y el liberal Macron evocaba la “fuerza ilegítima del Estado”, mientras que el socialista Benoît Hamon condenó sin ambajes unos “actos inadmisibles” y el líder de la izquierda radical, Jean-Luc Mélenchon, exigió la “expulsión de torturadores de la policía”.

El presidente François Hollande visitó el martes por sorpresa al chico convaleciente en el hospital y le prometió que se haría justicia. Pero ese gesto voluntarista contrasta con la ausencia de medidas tomadas durante sus cinco años de mandato, pese a que durante la campaña de 2012 el entonces candidato se comprometió a luchar contra los controles policiales discriminatorios contra los jóvenes árabes y negros.

Tras el episodio ocurrido en Aulnay-Sous-Bois, los disturbios se han reproducido cada noche en esa localidad y otras del distrito 93, el departamento de Seine-Saint-Dennis, donde ya han sido detenidas más de una treintena de personas. Las imágenes de coches ardiendo y cócteles molotov lanzados contra la policía recordaban, si bien en una escala mucho menor, a los hechos acontecidos en 2005.

En aquella ocasión, el entonces presidente Nicolas Sarkozy denominó “gentuza” a los habitantes de la banlieue en su conjunto y prometió medidas contundentes.  Pero aunque el gobierno de Hollande no haya sido tan vehemente, su represiva política securitaria, escudada en la ya permanente amenaza terrorista, ha provocado el mismo sentimiento de ansiedad, miedo y rabia en estos barrios.

Como guinda en el contexto de tensión actual, la Asamblea Nacional francesa aprobó el miércoles un proyecto de ley de seguridad pública que aumenta las prerrogativas de los agentes a la hora de actuar en “legítima defensa” y endurece las penas por ofensa a la autoridad. La iniciativa legislativa responde a las protestas de la policía del pasado otoño, cuando los agentes se manifestaron durante varias jornadas por la inseguridad y falta de medios que, aseguraban, sufren los cuerpos de seguridad galos.

Marine Le Pen rentabilizó aquellas manifestaciones, y en esta ocasión ha sido la única que ha tomado partido por los agentes. “Considero inadmisible crucificar a policías antes siquiera de que haya empezado la investigación. Mi principio de base es apoyar a la policía y a los gendarmes”, dijo la líder del Frente Nacional.

Aunque el joven agredido llamó a la calma desde su cama en el hospital, la mecha de la indignación aún no se ha apagado. Los cuatro policías implicados se encuentran suspendidos de sus funciones y en libertad provisional con cargos —tres por violencia agravada y un cuarto por violación— pero la Fiscalía podría retirar esa acusación basándose en el supuesto carácter “accidental” de la penetración. Si esto ocurre, la sensación de impunidad policial podría espolear nuevas protestas.

Con el voto de izquierda en horas bajas tras una decepcionante legislatura de los socialistas y los escándalos acumulados por el candidato conservador François Fillon, no cabe duda de que un nuevo estallido de violencia en la banlieue sería inteligentemente aprovechado por Le Pen. La candidata del Frente Nacional, máxima baluarte del discurso identitario de la Francia blanca, no pasa por su mejor momento, pero pese a algunos reveses recientes (incluidas acusaciones idénticas a las que han derrumbado la popularidad de Fillon), se mantiene contra viento y marea en lo más alto de las encuestas electorales.

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Andrea Olea

Andrea Olea

LM50 – Junio 2017

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