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El alto el fuego en el Sáhara Occidental, en su punto más frágil desde 1991

Militares de ambos bandos están a apenas 100 metros de distancia mientras los cascos azules desatienden la supervisión de alto el fuego durante la noche.

20 Diciembre 2016
09:25
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El alto el fuego en el Sáhara Occidental, en su punto más frágil desde 1991
Saharauis en una duna cercana al campamento de refugiados de Dajla, Argelia. Foto: JOSÉ BAUTISTA

Un centenar de efectivos armados del Ejército marroquí y del Frente Polisario se encuentran cara a cara y a poco más de 100 metros de distancia en Guergerat, una franja terra nullius al sur del Sáhara Occidental. El episodio de tensión que se vive en la antigua provincia española alcanza estos días niveles sin precedentes desde que en 1991 el rey de Marruecos y las autoridades saharauis pusieran fin a dieciséis años de guerra con la firma de un alto el fuego para, en teoría, celebrar un referéndum de autodeterminación, siguiendo el protocolo de descolonización de las Naciones Unidas (resolución 1514 de la Asamblea General).

El riesgo inminente de una vuelta a las armas se hace patente por la ausencia de cascos azules durante la noche en los 120 metros de arena que separan a los militares marroquíes y saharauis. Las limitaciones presupuestarias y de personal hacen que la MINURSO (Misión de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental) solo pueda desplegar a sus efectivos durante el día para separar a ambos bandos y asegurar el alto el fuego. Fuentes saharauis confirman que el Frente Polisario ya ha movilizado tropas hacia las localidades de Bir Lehlou y Mijet, en la parte del Sáhara Occidental bajo control saharaui, mientras que en los últimos meses Marruecos reforzó su presencia militar en la zona sur de la antigua provincia española. Brahim Ghali, presidente del Frente Polisario tras la muerte de Mohamed Abdelaziz en mayo de este año, se fotografió recientemente en la costa atlántica del Sáhara.

La escalada de tensión en Guerguerat empezó el pasado 14 agosto de este año con la llegada de ingenieros civiles y gendarmes marroquíes a la zona, situada después del muro militar marroquí que divide el Sáhara Occidental y muy cerca de la frontera de Mauritania, para “poner fin a las actividades de contrabando” y alquitranar la carretera que lleva a la aduana mauritana, según un comunicado divulgado por el Gobierno provincial de Dajla (antigua Villacisneros), bajo control de facto de Marruecos. Acto seguido los diplomáticos del Polisario protestaron en vano ante el estadounidense Christopher Ros, el alto funcionario que por entonces aún lideraba el contingente de la MINURSO. Las autoridades saharauis veían en este gesto una violación del acuerdo de alto el fuego por parte de Marruecos, que establece que sus militares no pueden pasar del muro de 2.700 kilómetros que divide la antigua provincia española. El portavoz adjunto de Naciones Unidas, Farhan Haq, respondió el 18 de agosto que no habían detectado actividad militar de las fuerzas alauíes en esa zona, a pesar de que un documento de la ONU filtrado por Associated Press afirmaba que los efectivos marroquíes habían violado el alto el fuego.

Tras el desentendimiento de Naciones Unidas, el Polisario decidió desplegar el 28 de agosto una treintena de soldados, a lo que la MINURSO reaccionó, esta vez sí, interponiendo a un contingente de cascos azules entre los militares marroquíes y los saharauis. Un día después el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, pididó a ambas partes retirar a sus militares de la zona y “volver al statu quo”. Diez días después, el 9 de septiembre, el Consejo de Seguridad abordó este asunto debido al “riesgo de escalada”, según recoge la organización Security Council Report, pero Francia, miembro permanente y aliado sine qua non de Rabat, junto con España y Senegal, impidieron una reacción contundente por parte del organismo de la ONU encargado de mantener la paz y seguridad en el mundo.

La canadiense Kim Bolduc, actual jefa de la MINURSO, propuso una separación de 300 metros entre ambos contendientes y que fuera su misión la encargada de alquitranar la estrada, pero los representantes saharauis rechazaron el ofrecimiento porque, según el Polisario, significaría llevar a buen puerto un proyecto marroquí que la propia ONU considera ilegal, de acuerdo a las declaraciones de Ahmed Boukhari, emisario del Polisario en la sede de Naciones Unidas en Nueva York, recogidas por el periodista Ignacio Cembrero en el digital argelino Tout sur l’Algérie. Medios marroquíes bajo influencia de Rabat aseguran que si el Polisario entorpeciera el tránsito de vehículos por la zona o estampase el sello saharaui en los pasapostes, el conflicto podría volver a su estado previo a 1991.

Los periodistas de Inner City Press que cubren la actualidad de Naciones Unidas se quejan del secretismo de los diplomáticos españoles, que hasta ahora no han revelado informaciones acerca de la reunión que tuvo lugar el 13 de diciembre para tratar la escalada de tensión en Guerguerat. Este mes España ocupa la presidencia rotatoria del Consejo de Seguridad. A efectos legales, España sigue siendo la potencia administradora del territorio.

No es la primera vez que Rabat trata de tomar el control de Guerguerat. Según fuentes diplomáticas consultadas por Ignacio Cembrero, en diciembre de 2015 Marruecos y Mauritania tuvieron un desencuentro político debido al deseo de Rabat de establecer su presencia en esa franja de tierra. El incidente finalizó con el despliegue de militares mauritanos cerca de Guerguerat . Anteriormente, en 1989, Marruecos se anexionó ese terreno tras la salida de Mauritania de la guerra por la antigua provincia española, pero el monarca alauí Hassan II, padre de Mohamed VI, retiró a sus militares por petición del presidente mauritano, para no perjudicar la actividad comercial del puerto de la cercana Nuadibú, segunda mayor ciudad del país.

A lo largo de 2016 varios episodios elevaron la rivalidad entre las autoridades marroquíes y saharauis. En marzo Marruecos expulsó a 84 efectivos civiles de la MINURSO -solo ha permitido el regreso de una veintena- como reacción a la visita de Ban Ki-moon a los campamentos de refugiados saharauis de Tindouf (Argelia), donde catalogó de “ocupación” la presencia marroquí en el Sáhara Occidental, un “ultraje” en opinión de Mohamed VI.

Otro incidente destacado tuvo lugar en noviembre, cuando Marruecos retuvo durante 48 horas y finalmente expulsó a la saharaui Sueilma Beiruk, vicepresidenta del Parlamento Africano, cuando se dirigía a Marrakech para participar en la Cumbre del Clima. El gesto choca con el creciente interés de Rabat por aumentar el peso de Marruecos en las instituciones africanas -es la única nación del continente que no forma parte de la Unión Africana por oponerse a la presencia de la República Árabe Saharaui Democrática-.

El Sáhara Occidental es el último territorio africano pendiente de descolonización. Tras más de un siglo de presencia española, en 1975 el rey Juan Carlos I ordenó la retirada de los militares españoles de la provincia del Sáhara -Franco modificó el estatus de colonia para evitar el referéndum exigido por la ONU-. El territorio vivió una guerra en la que se enfrentaron el movimiento independentista de corte marxista Frente Polisario contra Marruecos, que contaba con el apoyo de Francia y Estados Unidos, y Mauritania, hasta que en 1991 Rabat y los saharauis firmaron la paz para celebrar un referéndum de autodeterminación que aún no se ha producido. El territorio está dividido de norte a sur por un muro militar de 2.700 kilómetros de construcción marroquí. La zona del Sáhara Occidental ocupada por Marruecos posee la mayor reserva mundial de fosfatos, además de abundantes caladeros pesqueros; el Polisario controla la zona árida del interior, así como los campamentos de refugiados en suelo argelino que acogen a aproximadamente 200.000 saharauis.

Nota: el mapa del Sáhara Occidental que aparece en este artículo está elaborado por Human Rights Watch. La indicación de Guerguerat fue añadida por La Marea.

José Antonio Bautista

José Antonio Bautista

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