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Jueves 27 Julio 2017

Cultura

Estar en redes o construir en red: cultura libre e instituciones públicas

¿Qué transformaciones y estrategias debemos abordar a la hora de gestionar libremente con las instituciones públicas?

Cuando se quiere poner en marcha cualquier tipo de iniciativa cultural, una de las cuestiones a tener presente es la realidad en la que te vas a mover. El contexto local, los conflictos particulares que atraviesan cada espacio y a cada comunidad son al mismo tiempo el engranaje con el que trabajar y el punto de inflexión del que parte cada proyecto.

En la Universidad Popular Campus de Cebada celebrada por segundo año consecutivo el pasado mes de junio, organizada por el Colectivo C4C (cultura, ciencia, cooperación y comunicación) con el apoyo de la Asamblea Popular de Austrias – 15M en El Campo de Cebada (un espacio vecinal madrileño autogestionado por vecinas y vecinos), David García Arestegui miembro de la Asociación Cultura Libre levantó una buena polémica al afirmar que la Cultura Libre estaba muerta y que había que volver a los sindicatos, apelando a la lucha de clases. Aunque sabemos que este discurso es provocativo y suscita críticas y desencuentros, lo tomamos en cuenta porque pone en el centro la indispensable sostenibilidad económica de muchas personas dedicadas a la producción y gestión cultural al borde de tener que abandonar sus actividades por la imposibilidad de hacer compatible un trabajo cultural fuera de las estrictas lógicas del mercado con una supervivencia económica básica.

España, inmersa en una crisis económica, política y emocional sin precedentes, se encuentra con una triste realidad: la precariedad de buena parte de los trabajadores culturales autónomos, independientes, que tienen pocas opciones de sacar adelante determinados proyectos cuando las administraciones lo que valoran solo cuestiones económicas (cuanto más barato salga, mejor; cuanta más rédito genere, también). Individual o colectivamente es imposible competir con grandes empresas que “intervienen en cultura” aunque su labor principal sea la construcción y/o la gestión de equipamientos públicos –privatizados en la gestión diaria- abonando salarios irrisorios, condiciones laborales indignas y programas, cuando los ahí, donde no imperan ni la calidad, ni propuestas diferenciadas o renovadoras.

Proyectos basados en licencias libres y códigos abiertos suelen prosperar en determinados espacios públicos con la complicidad de algunos responsables que suelen apoyarse “en más de lo mismo”, en colegas y amigos y en los mejores vendedores de productos. Pocas opciones hay para otras iniciativas. Es preciso mirar la realidad y ver la evolución, no solo cronológica, de los últimos años. La transparencia escasea (mucha teoría y muchas más contradicciones) donde el tema de género suele ser un tabú, con bastantes similitudes con las prácticas de las grandes industrias culturales y del entretenimiento. En el mes de marzo el ya mencionado colectivo C4C manifestó muchas dudas sobre la cultura libre en Madrid, calificándola como “moda”, como lo fue en su momento la movida madrileña.

En algunos casos, proyectos acerca del procomún, están tejidos dentro de instituciones públicas dependientes de la derecha más reaccionaria, que solo apoya aquello que le interesa desde el punto de vista de imagen. Parte de la promoción de estos proyectos de participación ciudadana y autogestión lavan la cara de estas instituciones y sirven para la justificación de recortes en equipamientos, mediación e infraestructuras culturales para la mayoría de la población. En ocasiones, hablamos de iniciativas que no tienen inconveniente en apostar por alianzas con grandes empresas transnacionales y corporaciones muy alejadas de cualquier planteamiento libre, igualitario, democrático. Desde un planteamiento muy personal, algunas pensamos que no todo vale.

Partiendo de lo anterior, con todos los matices, críticas y dudas susceptibles de ser planteadas, la sensación de que muchas propuestas próximas, consciente o inconscientemente, también están atrapadas en una tela de araña que busca mantener el status actual de sistema, sin ningún espíritu transformador, apoyando lo commons como parte de una moda. Algo tienen que ver con lo que se comentaba hace dos décadas en la revista La Luna -emblemática publicación cultural madrileña-: “el modernismo ha sido la iniciación creativa, el posmodernismo es simplemente ganar dinero con ello”.

En años de dedicación a la agitación cultural desde Fabricantes de Ideas / La Fábrica de Ideas hemos desarrollado algunas propuestas exitosas, otras no tanto. A la hora de plantar una nueva, que ilusione no hay más remedio que mirar al Sur. Asimilar procesos e iniciativas que se están produciendo en América Latina y África. Ver, escuchar, aprender, interactuar. No se trata exclusivamente de desarrollar una iniciativa interesante, más bien de conocer, asimilar de lo que está en marcha, mirar y aprender, remezclar, compartir, difundir, no caer en errores ya cometidos.

En esta línea, huimos de prácticas exclusivamente proyectistas que buscan abordar, ejecutar y justificar acciones y nos seduce más la idea de reposar, escuchar y mimar lo que hacemos.

En segundo lugar, nos planteamos definir claramente si queremos trabajar en red o solamente estar en redes o formar parte de una de ellas. Es esencial para conocer si en nuestra red el centro es la periferia y las periferias son el centro. Con todo ello podremos definir equipos y forma de desarrollar el proyecto.

En tercer lugar habría que abordar la gestión de espacios y lugares donde vamos a desarrollar nuestra propuesta ya que es uno de los temas más delicados, y a veces costosos, para sacar los proyectos adelante. Muchas veces hablamos de coworking, oficinas compartidas, recuperación y cesión de espacios, pero no abordamos cómo sostener estos lugares, qué fórmulas de cesión son positivas y cómo dialogar con administraciones y propietarios privados para trabajar en determinados entornos.

Al hablar de “políticas públicas y gestión de lo común” habría que plantear que las diferentes administraciones tuvieran un marco que de alguna manera definiera la posible utilización de espacios públicos.

A.- Espacios públicos de propiedad institucional abiertos cogestionados por vecinos, colectivos, personas y entidades sin ánimo de lucro, evitando su abandono por falta de recursos y la privatización.
B.- Espacios en desuso.
C.- Acuerdos con propietarios privados para cesión de espacios, pacto de figuras como el “anticrédito”, etc.

La primera opción es poco viable dado que la administración madrileña mira con especial recelo compartir la gestión con colectivos que no controla, con lo cual sería solo posible una cogestión con colectivos afines políticamente.

La segunda podría ser posible si hubiera voluntad e interés en hacerlo.

La tercera parte pasaría por evaluar relaciones personales entre propietarios y arrendatarios explorando posibilidades de contratos menos convencionales que los permitidos por la legislación vigente.

La investigación El Valor del Vacío realizada por Urban Networks junto con la Universidad San Pablo CEU sobre los vacíos de oportunidad del Madrid Central muestra unos datos sorprendentes sobre la realidad de espacios vacíos y poco utilizados en el centro de la ciudad. Resumen la investigación con la siguiente frase, parodiando a Danny DeVito, “Madrid esconde un tesoro”.

………………………………….

A modo de resumen, los siguientes datos:

I. 573 solares vacíos, con un total de 630.000 metros cuadrados.
II. 421 edificios desocupados, no acabados o con una ocupación inferior al 20%.
La utilización de una pequeña parte de los mismos permitiría el desarrollo de múltiples acciones e iniciativas que deberían tener una regulación mínima, permitiendo al mismo tiempo su utilización y garantizando los derechos de los propietarios de los mismos. Por otro lado, el cuidado y uso de estas infraestructuras sería una línea de cuidado y preservación del patrimonio urbano y no su abandono por deterioro y/o dejadez.

Al contar con el aval institucional solo se podrían desarrollar determinados proyectos e iniciativas, esencialmente:

A.- Para la creación de Puntos de Encuentro Ciudadano
B.- Actividades sin ánimo de lucro
C.- Promoción de la cultura libre y compartida
D.- Fomento de la transversalidad y de la diversidad
C.- Creación de autoempleo

Para ello sería indispensable elaborar un “Estatuto de cooperación entre la administración pública municipal y la ciudadanía” que incluyera entre otros temas, lo siguiente:

1. Quiénes pueden hacer uso de esos espacios y en qué calidad se ceden o se establecen las cooperaciones
2. Cómo se pueden utilizar y qué actividades son prioritarias
3. Pacto de colaboración
4. Qué gestiones corresponde a cada parte
5. Gestiones compartidas
6. Medidas para la regeneración de dichos espacios
7. Mediación
8. Desocupación de los espacios

Todo ello basado en cinco principios básicos:

1. Respeto entre todos los involucrados
2. Confianza mutua
3. Transparencia
4. Horizontalidad como objetivo, que nunca se puede lograr íntegramente dada la diversidad de las parte implicadas y personas y colectivos tan diversos
5. Sostenibilidad

Elaborar un buen proyecto, aprender de experiencias realizadas o en marcha, trabajar en red y redes y poder desarrollarlo en espacios compartidos y gestionados colectivamente deben ser una garantía para poder llevar adelante la iniciativa que siempre quisimos desarrollar.

Rubén Caravaca

Rubén Caravaca

LM51 – Julio/Agosto 2017

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