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Sábado 24 Junio 2017

Opinión

Poder mediático

“La explicación está en la distorsión de la función social de los medios, en la creciente mercantilización del sector, en la precarización de la labor periodística y en la sobreabundancia de mensajes informativos”, afirma el autor.

En este mundo del siglo XXI se nos dice que vivimos en una aldea global, pero debemos preguntarnos si esto tiene sentido cuando tres cuartas partes de la humanidad no tiene acceso a los beneficios que la otra cuarta parte disfruta. Se nos dice que vivimos en la sociedad de la información, ¿es posible decir esto cuando tres cuartas partes de la sociedad africana no tienen acceso a electricidad y por tanto a internet?

El proceso de comunicación es un asunto de poder. Los propietarios de los grandes medios representan a la clase social, política, económica e ideológica dominante y utilizan dichos medios para sus intereses políticos y económicos, dejando a los receptores como meros consumidores sin capacidad de expresarse. Hay algunas excepciones que tienen que ver con esa palabra tabú que es la audiencia, cuando en ocasiones dejan colarse a alguien que expresa posiciones contrarias, dotándolos así de un barniz de pluralidad que no alcanza a traspasar la superficie y siempre que ayude a aumentar su cuenta de beneficios. Ello es circunstancial y con fecha de caducidad. Si alguna vez ven peligrar sus intereses no dudarán un instante en cerrar esa puerta.

La comunicación tiene como materia prima la información o la desinformación y esta se nutre de la noticia. Por eso es importante saber cómo se elabora la misma. Con la noticia el dueño del medio pretende persuadirnos a los usuarios de que dicho medio es creíble, lograr la identificación del público, hacernos creer que está cercano y que notemos su poder.

En materia de comunicación internacional abunda la desinformación y la manipulación, bien sea en Ucrania, Palestina, el Congo o Venezuela y eso constituye una de las claves que explican que lo que acontece en estos países no suscite una reacción de movilización internacional de tal envergadura que cambie los acontecimientos.

Los grandes medios de comunicación, lejos de cumplir con su función social de control e información, juegan un papel activo de silenciamiento, distorsión o amplificación de situaciones que más tienen que ver con los intereses de sus propietarios que con la realidad de lo sucedido. Vivimos en la “era de la información”. Disponemos de más información que nunca gracias a las mejoras tecnológicas que facilitan su producción, accesibilidad y distribución. Y, sin embargo, se da la paradoja de que cada vez dudamos más de su veracidad. ¿Cómo podemos explicar esto?.

La explicación está en la distorsión de la función social de los medios, en la creciente mercantilización del sector, en la precarización de la labor periodística y en la sobreabundancia de mensajes informativos. Uno de los elementos de mayor notoriedad es que a día de hoy los medios de comunicación determinan la agenda del día. Lo que no es actualidad en los medios no existe. Determinan lo que es noticia y lo que no. Imponen un determinado tipo de lenguaje, usan medias verdades, se hacen acompañar de “expertos” que ellos mismos crean o se hacen eco de “Observatorios de conflictos” que sólo ellos conocen por no hablar de la grosería de situar imágenes en lugares y períodos diferentes a donde sucedieron. Dan una noticia en portada y al día siguiente la hacen desaparecer sin saber el por qué. La forma de “informarnos” de la situación de Palestina es una muestra clara del papel perverso que juegan algunos medios de comunicación. Se trata de ganar nuestras conciencias de forma permanente a través de presentarnos sus noticias o sus imágenes como objetivas. Internet está haciendo peligrar esta estrategia a pesar del uso perverso que de ella hacen algunos medios. Cada vez les cuesta más mentir, manipular, censurar o distorsionar.

El objetivo para muchos medios no es informar, sino manipular, tal como ocurre con otros objetos que se mueven en el mercado. ¿Por qué se atacó a Hugo Chávez como antidemócrata pese a ser presidente gracias a unas elecciones supervisadas y avaladas por la comunidad internacional y en cambio se presentó como demócrata al cuestionado presidente Porfirio Lobo que llegó a su cargo después de un golpe de Estado en Honduras? ¿Por qué en el conflicto de Palestina se equipara a Israel y Palestina o por qué no se les llama asesinatos a las acciones del ejército israelí?

En este contexto de los medios de comunicación se mueve como pez en el agua el diario puntero de la prensa española “El País” que se autoproclama “progresista” y “El periódico global en español”. Muchos de sus lectores están cada vez más cansados de su prepotencia, desinformación y manipulación.

La preponderancia de la imagen supone un ascenso de la televisión como actor político. Con el favor de la imagen como evidencia, la televisión ejerce un inmenso poder de influencia en cualquier proceso. El reciente ataque de Israel a Yolanda Álvarez, corresponsal de TVE en Gaza, por reflejar la realidad de los asesinatos que allí ocurren es un ejemplo claro de lo consciente que es Israel de ese poder mediático.

En el Estado español no matan a periodistas, pero ahogan económicamente a los medios que no siguen la línea que promueven los grandes anunciantes, es decir, las multinacionales. El resultado que consiguen es el mismo: el silencio o la manipulación.

Luis Nieto es licenciado en Historia Moderna y Contemporánea. @NietoLua. http://luasura.wordpress.com

Luis Nieto

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