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Martes 23 Mayo 2017

Sociedad

Feministas para la crisis

El gobierno reduce en un 94% respecto al año 2011, el presupuesto destinado a la promoción y fomento del empleo femenino

04 Octubre 2013
13:48
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Son trescientas y se han reunido en Carmona, Sevilla, para dar respuestas a lo que denominan el fundamentalismo de mercado que ha convertido lo que se inició como una crisis financiera en una crisis económica, social y democrática. El IV Congreso de Economía Feminista, que se inauguró ayer, ha acuñado la idea, en palabras de Lina Gálvez, catedrática de histórica económica de la Universidad Pablo de Olavide, de “cambiar la economía para cambiar la vida”. Es decir, seis años después del inicio de la crisis, el problema ya no está en el origen sino en la orientación neoliberal de las políticas de ajuste.

El Congreso de Economía Feminista se celebra en España cada dos años pero nunca había tenido tanta participación. Este año, además de economistas también participan activistas y gestoras políticas, es decir, mujeres que están en la política activa gestionando presupuestos.

Lo urgente, el análisis de la situación actual en la que como en crisis anteriores, las mujeres están siendo expulsadas en mayor número del mercado laboral una vez pasada la primera fase de reajuste de empleo masculino. El mercado laboral no tiene sitio para las mujeres ante tanto paro masculino, la facilidad en el despido se ceba en aquellas que ya estaban con mayor precariedad laboral antes del inicio de la crisis, el desmantelamiento del Estado del bienestar y todos los servicios y cuidados significa paro en un sector que mayoritariamente tenía mano de obra femenina y también hay un mayor aumento de mujeres demandantes de empleo ante el desempleo de sus compañeros. Pero además, como señala Carmen Castro, economista y parte del comité de organización del Congreso, hay un efecto perverso en esa nueva mistificación de la maternidad que han incorporado a su discurso los gobiernos conservadores, lo que pone en evidencia algo que la economía feminista desenmascaró hace mucho tiempo: la perversa relación entre patriarcado y capitalismo.

Sería complicada la misma existencia del capitalismo sin una mano de obra gratuita (las mujeres) que realizaran todas las tareas básicas para la vida (los cuidados y su realización material, desde cocinar hasta querer…)

Como solución, una palabreja que se las trae pero que es muy explícita: es necesaria la despatriarcalización de la sociedad para frenar el efecto devastador del capitalismo. Decía Paracelso, médico suizo del siglo XV, que “quienes se imaginan que todos los frutos maduran al mismo tiempo que las fresas, no saben nada de las uvas.” Algo así ha ocurrido con los economistas durante siglos. Daban por hecho que sólo el trabajo remunerado era trabajo, así que no sabían nada del trabajo no remunerado realizado en el hogar, del trabajo doméstico –tampoco parecía preocuparles, lo tenían garantizado–.

Hace años que la economía feminista también echó por tierra la base de los modelos económicos de la escuela neoclásica: el denominado homo economicus. Éste ha sido definido como un individuo racional que, como en las historias de Robinson Crusoe, no tiene niñez ni se hace viejo, no depende de nadie ni se hace responsable más que de sí mismo. El medio no le afecta, participa en la sociedad sin que ésta le influya. Interactúa en un mercado ideal donde los precios son su única forma de comunicación, sin manifestar relaciones emocionales con otras personas. Es decir, la teoría económica se ha inventado un modelo imposible y parece que aún no proporciona rectificación al mismo.

Personas interdependientes

Este homo economicus representa una libertad de actuación que sólo puede existir porque hay alguien que realiza las otras actividades. Pero la economía tradicionalmente ni siquiera ha visto a ese alguien. La alternativa al homo economicus es pensar de manera más realista: las personas no son hongos que salen de la tierra. Más bien nacen de mujeres, son cuidadas y alimentadas en la niñez, socializadas en la familia y grupos comunitarios, tienen enfermedades, envejecen, es decir, tienen necesidades de cuidados en muchos momentos a lo largo de su vida, es decir, todas las personas somos interdependientes a lo largo de toda nuestra vida.

De nuevo, la economía feminista quiere poner el acento en esa realidad. Los ajustes utilizan la crisis como excusa para proponer un modelo económico que define un modelo de sociedad por lo que hacen hincapié en la necesidad de recuperar el Estado como garante de los servicios públicos y desmontar la falacia de que no se puede invertir en ellos. Desmantelar el Estado del bienestar y reprivatizar los servicios significa robar a la ciudadanía lo que les pertenece para enriquecer a los propietarios de las empresas que generarán esos servicios sólo a quienes puedan pagarlos, todo lo demás, recaerá de nuevo sobre las mujeres.

El último ejemplo del efecto devastador de las políticas de ajuste neoliberal se están viviendo esta semana en el Congreso con el debate de los Presupuestos Generales del Estado. El Partido Popular ha anulado la única comparecencia prevista en la comisión de Igualdad. Sólo se ha podido preguntar por los presupuestos respecto a este área en la comisión de Sanidad. Como se bromeaba en las redes sociales cuando la desaparición del Ministerio de Igualdad, “¿será que la igualdad es una enfermedad que la trasladan a Sanidad?”

La situación sería para hacer chiste si los datos no fuesen demoledores: la partida para la lucha contra la violencia de género se ha recortado en más del 28% respecto al año 2011 lo que suponen más de ocho millones y medio de euros. En general, el recorte en políticas de igualdad es superior al 47% respecto al 2011 y las políticas específicas de promoción y fomento del empleo femenino se han reducido en un 94% respecto al mismo año.

Nuria Varela

Nuria Varela

  • arcieres

    Por cierto, en Rusia, cuando se instauró el comunismo, en un principio pretendieron que la mujer trabajara a la par que el hombre; eran principalmente las mujeres las que estaban en contra de eso; pero después de un tiempo decidieron regresarlas a casa, sacándolas de la esfera productiva formal. Según esto, la razón para haber tomado esa decisión fue que las nuevas generaciones estaban perdidas y se habián convertido en bándalos, maleantes, drogadictos, etc. Al final de cuentas Rusia se convirtió en un sistema socialista donde hombres y mujeres no sólo no eran iguales, sino que operaban en mundos totalmente distintos.

    El capitalismo es simplemente la ley de la selva; no regula y deja a todo el mundo a su suerte; que se organice y se las arregle como pueda, con los recursos que pueda hacerse a partir de la ley de la oferta y la demanda. El capitalismo no es inmoral, simplemente es amoral como la misma naturaleza. Si el capitalismo es antifeminista es porque la naturaliza misma lo es; el feminismo no es algo natural, ni espontaneo, por culpa de las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, que se traduce en muchas otras cosas.

  • arcieres

    Sí, podría regresarse a una visión tradicional donde la celula social no es en realidad el individuo, sino la familia, y pienso que el modo correcto de hacerlo es en una gran parte recuperando el tipo de sociedad de los años 50s, ántes de que el feminismo tuviera influencia en la sociedad. Ahora que hay más tecnología debería ser más simple lograrlo.

    Y sí, creo que tanto el exceso de igualdad, cómo de libertad, terminan por ser nocivos.

LM49 – Mayo 2017

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